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El Charro, La Plata y La Tequila

EPÍTOME

La Historia de México es un amalgama de usos, leyendas, tradiciones y mitos que nació antes de la invasión Española a las tierras de Cuauhtémoc, el último Tlatuani Azteca, o de Pakal “El Grande”, Señor Maya de Palenque. Esta constelación de costumbres es resultado de la convivencia, durante más de 4000 años, de asombrosas civilizaciones que se establecieron desde Quintana Roo hasta Baja California, y de ahí, al Golfo de México, puerta que utilizara la Civilización Madre, la de los “Hombres de Piedra”, la Olmeca, para asentarse en la más prodigiosa tierra en culturas prehispánicas.

               Olmecas, Mayas, Aztecas, Toltecas y Teotihuacanos, entre otros, nos legaron en este fascinante tablero histórico-cultural, un invaluable sincretismo trans-generacional que abduce aun a las más reticentes formas de existencia, y que ante la impertérrita memoria pétrea de la historia precolombina, rinde homenaje a quienes dieron forma y sentido a esas civilizaciones. 

               Este maravilloso mosaico multifacético en regionalismos, usanzas y formas de una amplísima diversidad y riqueza, en el conjunto muestra indiscutibles paralelismos que nos identifican como una sola civilización.

               Las conquistas son cruentas por esencia, lo que al Mexicano le ha representado, en la tierra de sus milenarios y sabios ancestros, “en su propio suelo”, siglos de discriminación racial, social y cultural; quinientos años de hambre, dominación y esclavitud que no terminaron con la Guerra de Independencia, ni con la Revolución Mexicana, ni con ochenta años post revolucionarios. Hoy tenemos una sociedad gravemente herida; polarizada, distanciada, en plena convulsión, y una clase política apática, desprestigiada y deshumanizada, que traiciona sistemáticamente los intereses del Pueblo y la Nación Mexicana, anteponiendo los suyos de grupo, poder y visión de corto lazo.

               Sin embargo, la conquista aportó muy valiosos elementos a los colonizadores y colonizados. La fusión incorporó el conocimiento y la vida de ambos a la cultura naciente para formar nuestra nueva e indisoluble nación con una conciencia histórica, sabia y madura. La historia de México, como la de ningún otro país en el mundo, integra de manera exquisita y plástica, las culturas Maya, Azteca, Teotihuacana, Olmeca y Tolteca, además de otras, con la del pueblo Español, indiscutiblemente enriquecido por la ciencia y arte Árabes.

               Tres “Símbolos Mexicanos” son sustancia de nuestra obra: “El Charro, la Plata  y la Tequila”. El charro es tan distintivo de México, como la tequila misma. Ser “Charro”, es tener el compromiso histórico de quién guarda la tradición y el honor nacionales; es vestir con gallardía y enorme orgullo, los trajes y vestidos de faena, de gran gala o de ceremonia de sus mujeres y hombres en las ciudades, los pueblos y el campo; ser “Charra”, es ejecutar suertes llenas de colorido, riesgo y belleza, que levantan suspiros y provocan gran admiración, como la emocionante escaramuza, en las que nuestras valientes y hermosas damas entrelazan sus caballos, con arte y precisión, vestidas  y montadas como lo dicta la más delicada usanza; ¡y ser “Charro o Charra”, es cantar con el alma y corazón, henchido de pasión, sus más retadoras, románticas y ardidas canciones! La fiesta charra, con su mariachi, su lienzo, su coleadero y las  haciendas  mezcaleras,  ganaderas y  agrícolas, no completan el paisaje nacional sin otro elemento fundamental  que  es  toque  de  gran  orgullo  de  los  Mexicanos: la Tequila.

               La Plata es hoy en día, y lo ha sido durante gran parte de nuestra historia patria, sinónimo de orgullo nacional por ser México uno de sus más grandes productores al nivel mundial, pero también, y muy especialmente, por representar, en el sentir de la gente y en nuestra historia, una de las fortalezas sobre las que se construyó nuestra nación.

               Y la Tequila, que dio a México una personalidad propia e indiscutible, y la fundación de una industria con aceptación mundial al través de siglos de esfuerzo y trabajo para lograr sus magníficas variedades con el compromiso de ofrecer siempre la más alta calidad en su destilación y presentación.

               La Tequila es animador y deleite de todos los paladares, Mexicanos y extranjeros, y habla al mundo entero de nuestra nacionalidad y de nuestra mexicanidad, tan arraigadas y tan profundas como el Charro Mexicano.

               “El Bajío” es reconocido no solo como la cuna de las inigualables variedades de la tequila, sino como la región con la que más se identifica, en la cultura popular, al Charro Mexicano.

               El cine nacional, en su época de oro, fue su gran impulsor, principalmente en la persona de Jorge Negrete, el “Charro Cantor”, provocando una indisoluble simbiosis con “El Bajío”. También, regiones como “La Huasteca”y “La Costa Brava”, y entidades federativas como Chiapas, Sinaloa, Nuevo León, Puebla, Oaxaca y Morelos, entre otras de la República Mexicana y asociaciones de charros en los Estados Unidos de América,  son igualmente orgullosas y fieles representantes de la Charrería Mexicana, y con ello, de nuestro gran patriotismo.

               Estos tres “Símbolos Mexicanos” son base de esta obra que Arte e Historia Prehispánica aporta para el festejo del Bicentenario de la Independencia, iniciada en la Parroquia de Dolores el 15 de Septiembre de 1810 por Don Miguel Hidalgo y Costilla, “Padre de la Patria”, consumada el 27 de Septiembre de 1821, por Agustín de Iturbide, Jefe del Ejército Trigarante.

               De esta obra de arte “en formato de libro”, se produjeron dos ediciones: la Edición “Reyes y Presidentes” con  1500 ejemplares, y la Edición “Colección de Lujo del Editor” con una tirada de 500 volúmenes. El ser poseedor de uno de ellos, será privilegio de muy pocos. Terminada la impresión, los clisés serán destruidos ante la presencia de Notario Público, para no producir más copias; ¡ese es nuestro compromiso formal e indeclinable! Es una obra de arte única, exclusiva, limitada, numerada y nominativa que combina la caoba, la plata, la seda, el cristal y la piel.

 

"No importa como sea nuestra Comunidad al presente, por que todas se desarrollan lentamente, y por que basta que sea nuestra para que debamos amarla intensamente. Del esfuerzo de los ciudadanos Mexicanos depende su altura. Una nación de corto territorio, de pocos habitantes y hasta de pocas riquezas naturales, será respetada, envidiada y hará un gran papel en la dirección de la Humanidad, si está constituida por ciudadanos libres, laboriosos, honrados, cultos y valerosos.
Cuando notemos las lacras de nuestra Patria,  no nos empeñemos en ocultarlas; reconozcámoslas y trabajemos para destruirlas;  es lo único juicioso y práctico. No importa que no podamos hacerlo todo;  hagamos nuestra parte, ¡y un poco más!”

Julio Zapata Barrera, 1938.

 

 

¡Enaltezcamos a México!

Julio Zapata Ugarte

 

 

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